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Adéu 2022
Bien, ya tengo el tiempo sobre mis talones para hacer ese resumen del año tan típico de estos últimos días del periodo. Así que breve y rápido (espero)
Empezamos el año con un viaje por Flandes todavía marcados por el covid, las vacunas, los test, certificados, mascarillas, formularios de salud para entrar en los países …. Justo en el fin de las Navidades, el día 5 de enero aterrizamos en Bruselas hasta el 10. La vida en ese invierno transcurría con normalidad pero con la emoción y la impaciencia del viaje a Islandia la última semana de febrero cuando llegó la invasión rusa de Ucrania. Esa invasión, y la guerra consecuente que sigue activa, es el suceso que ha marcado el 2022. Esperábamos acabar ya la época covid y antes de ello nos llega otra calamidad: Agrava la crisis energética, eleva los precios de los alimentos y por supuesto los horrores propios de la guerra.
El primer intento de viaje a Islandia fracasó cruelmente por la cancelación de vuelos por parte de la compañía área Vueling. Todavía estamos esperando el resultado de la reclamación que pusimos a la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA). Al segundo, tres semanas después, con la primavera recién iniciada, sí lo conseguimos. No tuvimos el mejor de los climas pero lo pasamos muy bien. Y ya de seguido y de cabeza a la Semana Santa, recuperamos un viaje previsto para la SS del 2020 parado por el confinamiento. Empezando en Jaén, acabamos en Cádiz que nunca había estado antes y en el plazo de un mes, aprovechando el 15 de mayo, he estado dos veces. Bonito y repetible viaje.
Y nos plantamos en junio, mitad de año, y vamos, voy, a hablar del covid. Tal vez por última vez, ojalá. En el último tercio de la primavera y hasta mediados de julio tuvimos una fuerte oleada de contagios en España. Tremenda, la vez que más conocidos y cercanos han caído … incluso pasó por casa. Afortunadamente fue a principios de junio y no nos perjudicó en las actividades previstas en el comienzo del verano: Participar en la Pilgrim 2022, el campamento de Garnavmi y el fin de semana a Cantabria. Tampoco fueron de gran impacto los síntomas, a mi, aparte de voz tomada y moqueo un par de días, nada. Como digo, tuve un covid de 24 horas. De esta ola, y las vacunas, creo que si se alcanzó en España algo parecido a la tan deseada inmunidad de rebaño. Sigue habiendo virús pero en general no supone ningún problema grave de salud. También las medidas anticovid se han ido relajando. A primeros de año te pedían para entrar en restaurantes el certificado de vacunación, también para viajar. Para el primer viaje a Islandia tuvimos que hacernos una PCR 72 horas antes, rellenar formulario y presentar certificado vacunación …para el segundo tres semanas después los islandeses quitaron todas las medidas, incluida la obligatoriedad de mascarilla. Fue la primera vez que volvimos a la «antigua normalidad». Poco a poco se han ido quitando medidas en todo el mundo. En España solo queda la obligación de llevar mascarilla en transporte público, farmacias y centros sanitarios. Cada vez hablamos menos del virus, cada vez tiene menos presencias en nuestras vidas. (A ver qué pasa con China)
En julio hicimos nuestro primer viaje familiar desde el 2019. Fuimos a Irlanda y la verdad es que fue maravilloso! Irlanda tiene sitios muy hermosos de visitar. Sigo teniendo pendiente hacer una galería de fotos :(. El resto de verano ya con pocos días de vacaciones, en los lugares habituales fundamentalmente en El Saler. Ha sido un verano muy caluroso Como todos los veranos en las vacaciones la idea era descansar: dormir, comer, deporte, leer, fotografiar, … pero en el tema deportivo hemos patinado. Al principio los gemelos y al final la espalda me han condicionado la actividad deportiva.
En el otoño nos hemos dejado deslizar por la vida rutinaria, sin grandes viajes, solo escapadas al Alto Tajo, Peñafiel y una mañana en el Parque Nacional de Cabañeros. Poco he escrito en el diario y pocas fotos. La verdad es que se puede decir que las cosas más interesantes del año se hicieron en los 7 primeros meses del año. Eso sí, la fiesta sorpresa a Navburis por su sexagésimo cumpleaños fue un momento magnífico, fiesta sorpresa que me encargué de preparar y estuve muy preocupado por no hacerlo a la altura que se merecía y merece la homenajeada. El otoño cálido y poco lluvioso nos dio para unas recogidas moderadas de setas, no mal dadas las circunstancias climáticas.
Y como siempre cuando hacemos recopilatorio vamos a la vez cantando Tres cosas hay en la vida: Salud, dinero y amor. Bueno pues de salud, vamos regular, como he comentado antes la espalda empezó a dolerme a finales de agosto. Justamente al poco de poder volver a correr entre periodos de parón por las molestias en la zona de los gemelos. Mi última carrera fue el 28 de agosto. Ultima hasta ahora, espero que no la última de mi vida. Mi esperanza es que lo de la espalda se pueda corregir. Es una dolencia, al parecer, no tengo diagnostico claro, provocada por unas vertebras ligeramente desplazadas y un disco gastado. Degeneración. He pasado más de un año con un «hombro congelado» y a base de ejercicios, esfuerzo, he mejorado mucho. Confió en encontrar la tecla que me permita superar lo de la espalda igualmente. A pesar de todas las malas noticias económicas, el año no ha sido malo en cuanto a dinero, todo lo contrario, en parte por recibir beneficios correspondientes al 2021 que sí que fue un buen año en el trabajo. No se va a repetir con el 2022. El amor, bien, como siempre 🙂
Finalmente comentemos sobre fotografia!. La única adquisición de equipo ha sido un duplicador para el teleobjetivo para acercarme a los pajaritos, perfecto si están quietos, no en movimiento. De 100-400 f4,5 pasas a 200-800 f9 con lo que la luz y el ángulo de visión se reducen bastante. También he invertido en un programa de reducción de ruido: Sea por fotos nocturnas o por usar el duplicador tengo que disparar a ISOs altos y luego lidiar en la fase de revelado o de procesado con el ruido. Y en cuanto a calidad y cantidad pocas fotos este año pero alguna merece enmarcarse. Aparte de la fotografía propia de viajes, he hecho más aves, y lunas de lo habitual. Me ha costado encontrar fotos que no hubiera puesto ya en entradas del año, he visto que hay hueco para 8 y he buscado cubrir cada estación. No he elegido ni las mejores ni las más representativas, solo que fueran adecuadas al texto.
Breve no he sido, el año que viene haremos el formato «mejor foto» en vez de recontar lo ya contado. Y rápido sí, al menos lo suficiente para acabar antes de que me den las uvas. El 2022 lo empecé vomitando los excesos a la taza del váter, espero esta vez celebrar la entrada del 2023 con alegría y abundancia, por supuesto, pero con algo más de prudencia 🙂
Un verano abrasador
Estamos en el último fin de semana del verano de 2022. Me he centrado en contar los viajes a Cantabria y a Irlanda, tanto en fotografía como en literatura, que no he comentado en este diario nada sobre cómo ha transcurrido, ni he mostrado otras fotos. Lo primero que he de decir es que ha sido un verano muy caluroso. Empezó con olas de calor en junio antes de su inicio astronómico y que salvo días excepcionales el calor ha sido excesivo tanto desde el punto de vista estadístico como desde el punto de vista sensitivo, hasta los huevos de él. Y también ha sido seco, aunque los números digan que no, pero venimos de un invierno y una primavera con pocas lluvias y con el alto nivel de calor ha provocado sequías y restricciones de agua en muchos lugares. Lo bueno es que ha sido, después de dos que no, un verano normal, en cuanto al virus. Tuvimos una super ola en el mes de junio y pasada esta, los niveles de contagios y sobre todo el impacto en la salud han sido bastante leves. Casi que nos hemos olvidado de él. Como todos los veranos mientras no hay oportunidad de ir a nuevos y exóticos parajes, la familia los pasamos entre Madrid, Peralejos de Las Truchas y El Saber. Mismos sitios, mismas fotos. Pero siempre intentando mejorar.
El estío es buena época para la fotografía nocturna. Hay que aprovechar las noches templadas o, al menos, poco frías para salir y fotografiar el cielo estrellado. El primer fin de senmana de julio había luna nueva. así que era bueno para intentar capturar la vía láctea. El escenario, la ermita de ribagorda, Alto Tajo. Comprobé con las aplicaciones del móvil la hora en la que sería visble. Por la tarde fui a buscar mi composición ya que luego por la noche es complicado. Pues bien al final sobre la marcha fui cambiando la posición de la cámara pues no estaba contento con los resultados. Por un lado la contaminación lumínica de Peralejos y sobre todo de Checa afeaban el cielo. Por el otro, a pesar de la planificación, la ermita y la vía láctea no se veían enteras con el 14 mm. De las tomas que hice al final me quedo para mostrar con una donde la vía láctea se ve más. Claro que con una rara composición con la ermita medio tumbada por la distorsión óptica del gran angular y la silueta negra de los arboles que no se sabe muy bien que es lo que es. La luz roja en los arcos de la ermita está lograda con una linterna. De casualidad, procesando en Lightroom la foto, descubrí una nueva opción que son los ajustes preestablecids y ahí uno que resaltaba las estrellas de una manera que yo nunca sería capaz de hacerlo. Mi foto ya no es mi foto :D, se podría hablar mucho de ello. Pero cierto que las estrellas las capturé yo, no el Lightroom.
De vuelta a Madrid pasamos por los famosos campos de lavanda de Brihuega. Y tan famosos, estaba llenos de gente. He visto fotos espectaculares de ese sitio, atardeceres maravillosos inclusos nocturnas, pero no fue el caso, el día que estuvimos el atardecer fue bastante ñoño. Habrá que volver otro año.
Dos semanas después de la luna nueva tocó la luna llena, obvio. Era la super luna del verano y a por ella que fuimos, Navburis y yo, con el 100-400. Pensé un escenario, el donat del parque Juan Carlos I y planifiqué el punto y hora de disparo intentando capturar la luna asomando por encima del donut. Pues fallé. Tengo que trabajarlo más. La luna no apareció por donde esperaba y por lo tanto en ningún moemteo se asomó por detrás del donat. Al final la capturé muy por encima. Tampoco acerté con el enfoque, calculé la hiperfocal para que estuviera todo en foco pero la luna no lo está.
Como es habitual a finales de julio trasladé mi lugar de residencia a orillas del Mediterráneo y de L’Albufera. El gran interés fotográfico ahí, claro, son las aves acuáticas. Una razón de peso para comprar en su día el 100-400, y pesa, si. El estanque del Pujol, «el lago» es mi fuente principal de inspiración por la diversidad de aves que hay. Cada año van cerrando más área para los pájaros, lo cuál está muy bien para tranquilidad de los palmipedos pero muy mal para los fotógrafos que tenemos cada vez más lejos a los modelos. Pillé relativamente próximo a una pareja de zampullín cuellinego. Es un ave para mi llamativa. Fue entonces cuando pensé que un duplicador para el 100-400 sería una adquisición muy apropiada para acercarme a los patos y pajaritos. Así que me compré un duplicado con lo cual paso a disponer de un 200-800, olé. Sin embargo no volvía a tener a tiro a los zampullines cuellinegro.
Otra de las actividades tipicas de verano es hacer fotografía macro de bichitos. Este año lo he hecho muy poco, ya que no he sacado tiempo para ello. Solo minutos, no llegó a la hora. Y claro, ninguna fotografía que merezca la pena. Pero al final del veraneo, por la terraza de El Saler pasó un caballito del ddiablo y se posó en una percha del tendedero. Rápidamente fui a por el macro, me acerqué y a pulso disparé. A pesar de que tiene algo de trepidación está lo suficiente bien para apreciar al bicho y sus bonitos colores.La primera prueba que pude hacer con el duplicador en cuanto lo recibí fue una foto a la luna. Una luna con un 800 mm. Pues si, se ve más grande y aprecias mejor los cráteres y erosiones. Pero no es más que la luna y le falta un escenario que le aporte algo más. Por supuesto tuve que poner el tele sobre trípode y enfocar manualmente.
Con el 100-400×2 fui un par de días emocionado al Estany del Pujol. La verdad es que este año de poca aportación hídrica, la superfcie del agua es mucho menor que otros veranos. Sin embargo a pesar de ello, he visto menos limícolas y zancudas en las orillas fangosas. No sé si ha sido por la nidificación de nuevo de las gaviotas que hacía unos años que llenaron las playas del lago hasta mitad de agosto: Los que si han aparecido han sido los flamencos. Algunos días hasta un veintena de ellos. Con el 400 convertido en 800 podía tomar primeros planos de ellos, genial, pero de paso descubrí las desventajas de este sistema. Enfocar es complicado, la apertura focal se duplica, es decir pasa de 4.5 a 9 y pierdes el doble de luz, la trepidación de las fotos es más probable y es imposible seguir objetos en movimiento.
Ya acabando el veraneo un cactus nos regaló una flor. Son espectaculares estas flores pero duran escasamente un día. Así que no es frecuente tener la oportunidad de fotografiarlas.
Y hasta aquí, repaso y punto final al verano 2022.
Islandia 2022, primera parte
La primera vista de la isla cuando el avión traspaso la densa capa de nubes fue la nieve cubriéndolo todo. Blanca la tierra, gris el cielo. Eso sí, las carreteras, negras, limpias de nieve. Un autentico paisaje en blanco y negro y sus tonos de gris. La nieve la teníamos asumida, vamos preparados, incluso crampones llevamos en la maleta. Hasta que no pisé tierra no di por hecho que estaba en Islandia. Eran los efectos del viaje fallido, tocar para creer. Una de los asuntos que había lamentado al atrasar el viaje era que pasaba de luna nueva a luna llena, lo que me iba a perjudicar en las fotos nocturnas. Jaja, por qué cosas nos preocupamos: En los días y noches que estuvimos no vimos la luna. Ni casi el sol. El fotógrafo propone y el clima dispone. Cielos nublados a todas horas, en el mejor de los casos porque lo habitual ha sido la lluvia. Y si hay algo peor que la lluvia para la fotografía, es la lluvia con viento.
Una vez en tierra, recogemos el coche. Un Jimny que nos parecía suficiente para una pareja pero que a la larga nos ha resultado incomodo para el trajín del viajero fotográfo sufriendo las inclemencias del temporal. Un coche con 4 puertas nos hubiera sido más cómodo. Las carreteras en perfecto estado a pesar de la cantidad de nieve existente así que en el tiempo previsto, un poco más de 2 horas, llegamos al primer destino, el Hotel Skogafoss en Skogar, al lado de la cascada.
Se suponía que llegábamos con la puesta de sol, pero este no hizo amago de presencia. Fuimos a ver la cascada, realmente al lado del hotel. Había algún turista despistado, como nosotros con su equipo fotográfico. Caía agua nieve y unida al fuerte salpicado de la cascada, tiene una gran altura de caída, te hacía imposible acercarte a fotografiarla sin empapar la lente y las gotas en la lente te echan las perder las fotos, salen con manchurrones. Un coñazo lo de limpiar la lente con el trapito, pues eso iba a ser una constante todo el viaje. Para más males, iba con el 14 mmm que te obliga a estar muy cerca del objeto a fotografiar si no quieres sacar mucho primer plano sin interés.
En este viaje también llevaba el 24-70 y el 70-300 (del cual tengo una anécdota para más adelante) pero se habían quedado en el hotel. Hubieran sido más adecuados para sacar la cascada desde más lejos y no sufrir el salpicado de gotas. Y había muy poca luz y por cierto nunca había visto una dominante de color tan azul, disparando a 5600K. Todo excusas para no decir que no supe sacar la cascada en condiciones 😀 🙁 . Antes de irnos a dormir miré el cielo por si acaso pudiéramos tener auroras, pero permanecía muy nublado. Había sido un día muy cansado desde el despertar en Manchester (:O), así que sin condiciones ni fuerzas, las auroras tendrían que esperar.En la mañana, al poco de salir, comienza la lluvia. A lo bestia y con fuerte viento. La visibilidad malisima, el horizonte a 30 metros. Decidimos hacer una parada en Dyrhólaey para estirar las piernas, ¡volábamos en el acantilado¡ con dificultad abrías y cerrabas las puertas del coche. A la altura del cañón Fjaðrárgljúfur, uno de los puntos que íbamos a ver en el día, caía un diluvio con un viento respetable.
Iba a ser imposible andar y ver algo con comodidad, y de fotos nada. Así que pasamos del cañón y lo dejamos a ver si a la vuelta teníamos mejores condiciones. El siguiente lugar de paro era Hof para visitar la pequeña iglesia de tejado de hierba con cementerio. Tuvimos suerte, fue parar el coche y dejar de llover. Pudimos darle una vuelta y fotografiarla.Paramos a comer, sopa de cigalas y un sándwich. Las cigalas iban a ser un alimento principal en este viaje, en sopa, ensaladas, cocidas, en bocadillo … Al pasar por Jökulsárlón paramos, claro. ¡Qué desilusión! No había casi ningún hielo flotando en el lago. Había más turistas que hielos. Al menos en ese momento no llovía, aunque el cielo seguía gris plomo. Sin luz ni hielos ninguna foto era atractiva. Observamos que la corriente de agua fluía con fuerza desde el mar hacia el lago, eso nos hizo pensar que cuando hay pleamar los hielos son desplazados hacia el fondo del lago y por eso no los veíamos.
Al atardecer llegamos a Stokksnes, al Viking Cafe, nuestro alojamiento para los dos siguientes noches. Tuvimos tiempo, antes de cenar en Hofn, cigalas, de pisar la maravillosa playa negra de dunas con sus vistas: El Vestrahorn apareciendo entre la neblina.
Nos acercamos a la costa donde el mar batía con fuerza las rocas. ¿Tendremos mejor tiempo mañana?Esa noche, antes de acostarme, salí a dar una vuelta con la esperanza de tener un cielo algo despejado, pero no hubo suerte. Las estrellas brillaban por su ausencia.