Este año empezamos los viajes fuera de España repitiendo país, Marruecos, pero por otra zona, la norte. Tanger, Ashila, Tetuan, Chefchaouen, Volubilis, Ouazan, Mulay Idrís, Meknes y Fez. De domingo a sábado en un viaje organizado por agencia, la misma del año pasado. Y un mismo formato, chófer que nos lleva a los sitios de interés y ahí, en algunos casos visita con guía, o a nuestro aire. Bien.
El tiempo regular, la lluvia apareció y, aparte de incomodar, nos impactó más de la cuenta la tarde de paseo por Fez. Nos pilló dentro de la medina, que es un verdadero laberinto. Bien mojados y perdidos, nos costó salir, al final tuvimos que contar con uno de los muchos chavales que se ofrecen de «guía» a los turistas en las puertas de entrada.
En Chefchaouen nos cayó un tormentazo, con rayos y granizo, pero dentro de lo que cabe no nos importunó mucho pues fue justo antes de cenar, volviendo al hotel. En conclusión, el sol lo hemos visto poco.
También en Meknes la lluvia nos quitó un rato de paseo por la tarde que tuvimos que «recuperar» por la mañana. Tampoco perdimos tanto, la realidad es que Meknes es una ciudad monumental en obras que quedará fantástica dentro de unos años
En todas las ciudades visitamos la medina, la ciudad antigua. La de Tanger está muy cuidada y es de calles amplias. La de Asshila, por ser localidad costera, recuerda un tanto a Esauira. Tiene muchas pinturas, grafitis, que la hacen un museo al aire libre. La de Tetuán es empinada, de calles estrechas y muchas de ellas malolientes. Para ser atractiva al turismo necesitaría mucho arreglo. Tal vez es mejor para ellos que no. Pero un poco de limpieza no le viene mal.
Chefchaouen, la ciudad azul, tiene la medina muy cuidada y orientada al turismo. En Ouazzane, la ciudad verde, fuimos asaltados por primera vez por los «guías» locales, jovenes desocupados que por unos dinares te llevan, según ellos, a los lugares más interesantes. Intentamos no hacerles caso pero son muy insistentes y al final te perturban. Por eso el paseo por la medina, no tan estrecha como la de Tetúan, ni tan ancha como la de Tanger, ni tan turística como la de Chefchaouen, fue un tanto corta y precipitada. La medina de Meknes no la vimos mucho por falta de tiempo, pero parecía muy local, laberíntica y muy de viviendas. Claro que para laberíntica y grande la de Fez. Aunque había algún comercio «para turistas», la mayoría de calles y comercios eran para la vida de sus habitantes. Nada que ver con la de Marrakech. En Fez hay mucha más vivienda y se nota.
El equipo fotográfico ha sido el mismo que llevé a Barcelona. Será interesante hacer el estudio de focales utilizadas como hice con los últimos viajes. En este, el genero predominante ha sido la fotografía urbana y de arquitectura, calles, callejones, puertas, arcos, edificios, interiores, … Muy poco de calle, y menos de retratos, pues los marroquíes te demuestran que los fotógrafos no son bienvenidos. Y tampoco hemos tenido muchas oportunidades de ver paisajes. Aún así, he vuelto con 1.000 fotos, habrá más entradas en el diario con fotos de este viaje a Marruecos de 2026 según vaya procesando.






























