Ibiza
Es llamativo el magnífico paisaje que tiene la isla. No la esperaba tan montañosa al borde del mar, por eso la multitud de calas que tiene. En cambio playas playas, pocas. También gastronomía, ya que hemos ido a sitios recomendados con cocina local, aunque alguno se nos escapó por reservar con poco tiempo. A pesar de no haber tenido gran agobio de gente, sí que no te podías descuidar a la hora de llegar a las calas y a los restaurantes. También pillamos algún atasco que otro por lo que Julio y Agosto debe ser insufrible. Como todo.
La ‘visita cultural’ fue el paseo por la ciudad alta de Ibiza, Dalt Vila, patrimonio de la humanidad de la Unesco. Claro que también se puede considerar cultural recorrer el mercado ‘hippy’, más bien de artesanos, de Las Dalias.
Repaso a mayo de 2026
El mes de mayo ha sido prolífico en actividades. Ademas de las habituales visitas al Alto Tajo y L’Albufera, hemos hecho excursiones al puerto de la Fuenfria y a las lagunas de El Hito y San Juan y un pequeño viaje a Bilbao, Santoña, y el Parque de la Naturaleza de Cabarceno.
A Bilbao, con escala en Burgos, fuimos a ver la final del campeonato europeo de rugby. Habíamos hecho ese mismo viaje con ese mismo objetivo en mayo de 2018. En esta ocasión la final la ganó, sobradamente, el equipo francés Union Bordeaux Bègles sobre el irlandés Leinster. Las entradas este año, aunque me costó los suyo conseguirlas, las elegí mejor que en 2018 y el partido lo vimos muy bien. Luego fuimos a cenar al mismo restaurante que en 2018 y a pesar que el vino de la casa ya no era el mismo, cenamos estupendamente. Si en el 2018 completamos el viaje visitando la costa vizcaína, esta vez hemos tirado hacia la cántabra, a Santoña, ya que el último punto de este viaje era Cabárceno. Santoña es peculiar, centro conservero de pescados, sobre todo la anchoa, tiene muchos almacenes y fábricas abandonados después de sucesivas crisis, que le dan un aire decadente a la zona del puerto. Santoña es casi una isla, un gran islote rocoso rodeado por el mar y la marisma. Justamente, la marisma, es una reserva natural donde en invierno, no cuando la hemos visitado, alberga muchísimas aves. Hicimos una típica vuelta en barco para ver la costa y el faro del Caballo y nos alojamos en la bonita playa de Berria.A la mañana siguiente enfilamos directos al Parque de Cabárceno. Cuando estuvimos en Tanzania no vimos al rinoceronte y nos quedó la espina clavada. Nos enteramos que los había en Cabárceno y nos lo apuntamos para cuando se pudiera. El parque no deja de ser un zoológico, los animales, salvo algunas especies, no interactúan entre ellas y están en zonas acotadas. Eso sí, en un entorno singular y amplío que hace interesante la visita. Pero nos tocó una ola de calor con un día de 37 grados, inusual y aplastante, que hizo que muchos animales estuvieran inactivos y a la sombra. Y nosotros agotados. Lo que más nos gustó fue la exhibición de aves. Hice todas las fotos que pude a las aves en vuelo pero mejor me quedaron las que hice a las aves en tierra. Y por supuesto vimos los rinocerontes. Antes de este viaje Bilbao-Santoña-Cabárceno hicimos un día de visita a la laguna de El Hito y, tras comida en Chinchón, a la laguna de San Juan. El objetivo avistar y fotografiar aves. La verdad es que las fotos no han sido de las mejores pero pude ver relativamente cerca al abejaruco y al martín pescador.
En blanco y negro
He hablado muchas veces de la fotografía en blanco y negro. así que igual me repito. Hay veces que concibes una foto en b/n, sea porque la ves antes de disparar o porque la visualizas en el procesado. Me gusta cuando lo haces antes de la captura, me resulta más gratificante. Sobre todo si queda bien, claro, y se ajusta a lo que has tenido en mente.
Recientemente tengo dos casos, seguramente hay más, que voy a exhibir en esta entrada.
En el viaje a Marruecos de este año entramos en la medina de Tetuán. Son callejones angostos, oscuros y algunos malolientes. Si en el momento del viaje tenía algo de repelús de haberme adentrado, posteriormente, viendo las fotos, que no huelen, un sentido que se pierde, lo percibo como un momento auténtico de viaje. Ahí no había turistas. En uno de esos callejones estrechos había una figura por delante nuestra. Justo para dar escalar y profundidad, favorecido por la falta de luz, a una foto en blanco y negro.
En la segunda visita de este año a las Tablas de Daimiel también repetimos, en visita breve y fugaz, los molinos de Campo de Criptana. Era por la mañana, pronto, con el sol no muy alto. Algunos molinos quedaban a contraluz, los colores desvaídos, pero destacaba la figura de las aspas contra el cielo. ‘Esto funciona en b/n’ pensé, y disparé. El revelado fue directo a un perfil monocromo pero una vez acabado todo el procesado, veía un tanto triste el resultado. Un virado cálido a las luces y uno frio a las sombras le dio un acabado que me gusta más.

















