Apática Navidad

Blanca Navidad, Madrid diciembre 2020

Blanca Navidad, Madrid diciembre 2020

También atípica, pero sobre todo es la falta de ganas de hacer nada con tantas limitaciones y cuidados que hay que tener, lo que me está marcando estos días de Navidad. La fiesta la hemos pasado sin pena ni gloria pero con la suerte de estar todos bien.
Estambres, Madrid diciembre 2020

Estambres, Madrid diciembre 2020

Iba a hacer una foto con el belén y metiendo un VIRRUS por en medio pero la cosa no está para gracias con lo que tenemos, y lo que se espera. La apatía generalizada también afecta a la actividad creativa: Como no hay otra cosa, sigo con las flores.
Roja Navidad, Madrid diciembre 2020

Roja Navidad, Madrid diciembre 2020

Lo mejor (¿¡!?) del 2020

Ártico, febrero 2020

Ártico, febrero 2020

Llegando a final de año siempre nos ponemos a recordar lo ocurrido y a destacar lo mejor y más bonito, y en concreto la mejor fotografía. En esta mierda de año 2020 la verdad que hay poco donde elegir. El año lo comenzamos en El Saler y con la mente puesta en el viaje a Noruega, que al final ha sido el único viaje, pero qué viaje!, del año. Los paisajes del ártico, las auroras boreales, los fiordos del sur … Luego ya de cabeza a la pandemia y el confinamiento. Se contó en su momento. A pesar del tiempo que teóricamente podía dedicar a la fotografía no hay grandes fotos, si que dediqué tiempo a formarme con las múltiples clases por videoconferencia que hubo en ese tiempo, espero que se vean los resultados en el futuro cercano. Uno de los entretenimientos en el confinamiento fue observar el avance de las obras del estadio de enfrente de casa.
'La obra', junio 2020

‘La obra’, junio 2020

Al final de la primavera pudimos salir de casa y entramos en la época de macro, de fotografiar bichitos en el campo. El verano fue una buena época comparada con el resto del año. Con todas las precauciones del mundo, pudimos viajar a las casas de Peralejos y El Saler. En el verano me compré la Fuji X-T3 y el 100-400, el equipo pensando para el safari fotográfico previsto, y cancelado, por Kenia y Tanzania. De resultas de ello, hice muchas fotos de las aves del Estany del Pujol.
Archibebe, Estany del Pujol, agosto 2020

Archibebe, Estany del Pujol, agosto 2020

Tras la vuelta del verano y al empezar el otoño volvimos a ser atrapados por el coronavirus. Entre cierres de las comunidades autónomas, cierre del municipio incluso cierre del barrio (zona de salud) solo hemos estado fuera un fin de semana. La producción fotográfica ha sido muy escasa. Solo hojas secas y flores.
Flor, Madrid diciembre 2020

Flor, Madrid diciembre 2020

En fin que no hay mucho para encontrar algo que sea la mejor foto … indudablemente me quedo con alguna de las del viaje a Noruega. Y esta de los reflejos en el fiordo de Nærøy es muy buena opción:
Reflejos, Fiordo de Nærøy, marzo 2020

Reflejos, Fiordo de Nærøy, marzo 2020

El sol que nos falta

Como un sol,  Madrid diciembre 2020

Como un sol, Madrid diciembre 2020

Finaliza el otoño, el invierno realmente ya está aquí, el sol ya se deja ver muy poco. Tan poco como la inspiración fotográfica. Que discurra el tiempo hasta momentos mejores.

Gambito de dama

Estoy viendo una interesante serie ‘Gambito de dama‘ que ha hecho que recuerde mi, ya lejana, relación con el ajedrez. Aprendí a jugar, más bien aprendí los movimientos de las piezas y las reglas, con los ‘Juegos reunidos Geyper’, que como tantos niños en los años 60 del siglo pasado (que antiguo y distante suena) tuve en mi infancia.

Gambito de dama, Madrid noviembre 2020

Gambito de dama, Madrid noviembre 2020

En el primer curso en el colegio NSR, 4ºEGB, me apunté, no sé si voluntariamente o por recomendación/imposición de algún progenitor, tutor, profesor o carcelero de los muchos que me rodeaban, a la escuela de ajedrez. No tengo muchos recuerdos de dicha escuela. Desde luego como escuela debió ser mala pues no tengo constancia de que aprendiera nada. Lo que si recuerdo es la primera partida que jugué: Mi contrincante, un niño creo que de un curso superior, no paraba de dar saltos de alegría al ganarme en cuatro movimientos por el jaque mate pastor … Debí abandonar pronto esa escuela pues como digo no tengo ningún recuerdo más que aquella humillación. No, no lo sentí como humillación sino como agria sorpresa de que me ganaran con tanta facilidad y con la desmedida alegría del contrincante. Supongo que cambié esta actividad deportiva por otra más física, más adaptada a mis condiciones innatas.
Flor, Madrid noviembre 2020

Flor, Madrid noviembre 2020

En mi adolescencia recuerdo seguir jugando al ajedrez en las épocas de internados y de campamentos. Era una forma de pasar el tiempo cuando tenías movilidad restringida, y me gustaba. Recortaba partidas de los periódicos, ‘blancas juegan y ganan’, y las pegaba en un cuaderno. Pasada la adolescencia, en la universidad, incluso me compré libros que aún conservo para seguir aprendiendo y jugaba con cierta regularidad. Y unos de los primeros programas que empecé a usar en el Spectrum fue como no, un programa de ajedrez. El ajedrez seguía conmigo. En mi boda me regalaron un tablero y unas fichas «buenas», un ajedrez Staunton. Y ahí en ese momento paró de acompañarme. El Staunton nunca se ha lucido en una partida. La persona que me lo regaló, con el que jugaba con cierta frecuencia, desapareció de mi vida antes de que tuvieramos oportunidad de jugar con él. Y no encontré, ni busqué, otro oponente. Al instante de escribir esto no sé siquiera donde están las piezas del ajedrez regalo de boda. El tablero sí, sé donde está, lleva 33 años en la bandeja inferior de la mesita central de metacrilato del salón.

Cocktel de gambitos, Madrid noviembre 2020

Cocktel de gambitos, Madrid noviembre 2020

¿Por qué el ajedrez desapareció de mi vida? Posiblemente no encontró hueco en mi nueva vida a partir de que empezará a trabajar y saliera de la casa familiar. En cierta forma, al ganar libertad, perdió su atractivo de refugio en tiempos muertos. Ya no tenía esos momentos: Tantas cosas que podía hacer y poco tiempo para hacerlas como para dedicarlo a un juego. Más de 30 años después ahora sigo en la misma circunstancia: tantas cosas que quiero hacer y tan poco tiempo para hacerlas. Bueno, eso hasta justo antes del puto virus. La verdad es que en el confinamiento el ajedrez hubiera podido ser un entretenimiento, pero ni en esas circunstancias me acordé de él.

Color otoñal, Madrid noviembre 2020

Color otoñal, Madrid noviembre 2020

Recordando y analizando retrospectivamente, recuperando sensaciones y sentimientos … creo que aparte del consumo de tiempo y que al final no todo lo puedes hacer y priorizas unas cosas sobre otras, hay una razón importante en mi abandono, algo que tiene un cierto peso para mi: Según avanzas en el ajedrez y quieres jugar mejor tienes que ponerte a memorizar muchas jugadas «tipo», aperturas, defensas, contraataques … Y la verdad es que eso no encaja en mi forma de ser. Lo percibo como algo poco creativo, que quita la magia de la improvisación. Por supuesto que en función del rival, más tarde o temprano, pronto era en mi caso, tienes todas las jugadas que te queden hasta el final de partida para ser creativo, pues ya no recuerdas los movimientos. Y otra reflexión, salvo que te metas en competiciones que tengas el aliciente de la competición, marca mucho con quien juegues para disfrutar y si no encuentras ese oponente u oponentes acabas olvidándote.

Mestizaje, Madrid noviembre 2020

Mestizaje, Madrid noviembre 2020

Recuerdo el programa de ajedrez con el que jugué una temporada: En el nivel 0 el ordenador sabia mover las fichas y poco más, le ganabas con bastante facilidad. Demasiado fácil. En el nivel 1 ya tenía las aperturas más típicas en ‘la cabeza’, respondía muy rápido los primeros movimientos, y analizaba alguna jugada, ya era para mi complicado ganarle. En el nivel 2, nada, no tenía opción, se tomaba su tiempo y siempre ganaba él. Nunca le encontré el gusto de verlo un reto que me daría un subidón de autoestima si ganaba a la máquina. Y el simple programita tenía hasta 10 niveles …

Estudiando ajedrez, noviembre 2020

Estudiando ajedrez, noviembre 2020

Aunque el ajedrez ya no tiene interés para mi si que lo considero un juego o deporte muy educativo y que debería formar parte de la formación básica de un niño Lo pondría como asignatura en alguno de los cursos escolares tempranos.