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Laguna de Salobreja
Este sábado fui por fin a la laguna, excursión aplazada varias veces. Es una ruta suficientemente señalada pero hay que llevar cuidado en algunos tramos pues pierdes las señales. A pesar de que pone dificultad baja, hay un tramo largo que discurre por el barranco de la Tía Raimunda y como su nombre indica es un barranco y hay que pegar botes por las piedras, nada conveniente para personas mayores o niños pequeños. También vadeamos el Hoz Seca dos veces y en este tiempo no está muy seco :D. La duración estimada es de 4 horas, nosotros tardamos 5 con las paradas para comer y descansar.
La laguna está en un lugar idílico (sobre todo por que no vimos a nadie) y el camino es muy representativo de lo que es el Alto Tajo.
Tiempo de flores
El ingenio de Manaca Iznaga
Con un sol esplendido de tarde decidimos acercarnos al ingenio de Manaca Iznaga muy cerca de Trinidad y de paso ver el paisaje del llamado Valle de los Ingenios zona de grandes explotaciones azucareras del pasado. En el ingenio de Manaca Iznaga destaca la torre vigía, una alta torre construida para vigilar a los esclavos.
Espectacular. Nos dispusimos a subir cuando llegó un grupo alegre de unos 15 escolares con sus profesores a visitar la torre. Los estudiantes iban uniformados y daba gusto verles. Empezamos la subida pero la escalera era de madera, había viento, se movía un poco y eso echó para atrás a Navburis y a bastantes de los profesores. No a la mayoría de los estudiantes que al grito de «¡Al tope!» se lanzaron escaleras arriba. Los profesores gritaban: «Esa negrita, lleven cuidado». «La mulatita que se va a caer!» Nos hizo gracia la distinción de tonos de piel que hacían.
«Dejen pasar al señor fotógrafo» 😀 muy educados me dejaron pasar y así el primero en llegar al tope fui yo. La verdad es que el último tramo de la escalera asustaba un poco, de madera, cerca de las ventanas, soplando cada vez más el viento, ahí se movía mucho …
La vista desde arriba espectacular, dominando todo el valle. Y abajo como miniaturas de juguete Navburis y los profesores que no habían subido. La bajada fue también bulliciosa pues los estudiantes encontraban más peligroso el descenso por las empinadas escaleras y las recorrían lo más rápido que podían para estar en ellas el menor tiempo posible.
Al final todos descendimos sanos y salvos.








