El último día completo en Islandia estaba dedicado al llamado círculo de oro, Geysir, Gullfoss y Thingvellir y rematar con el Blue Lagoon. El día salió, y continuó, perro como todos los del sur de Islandia. Cada veinte minutos lluvia intensa. Así que las visitas eran a la carrera, cuando paraba de llover salías del coche y, si podías, volvías a tiempo antes de la siguiente ducha. Después de ver Yellowstone la zona de geisers y fumarolas de Haukadalur no te parece gran cosa. El auténtico Geysir está fuera de servicio pero Strokkur a modo del Old Faithful, erupciona cada 10 minutos y puedes estar lo suficiente cerca como para ver como se forma la burbuja que estalla por la presión del agua.De ahí a la impresionante cascada Gullfoss, donde recibí doble ración de agua, por la lluvia y por acercarme lo más posible a la cascada. Por supuesto a la hora de llegada a la cascada ya estaba llena de turistas. Y si había turistas en Gullfoss no era menos en el parque nacional de Thingvellir. Este lo vimos como pudimos entre trombas de agua. Íbamos a un sitio, lo veíamos, volvíamos al coche con las primeras gotas, pasaba la lluvia y salíamos a otro sitio. Tuvimos problemas para aparcar así que no movimos el coche del aparcamiento donde pudimos quedarnos.
La ida era dejar cosas en el hotel de Reikiavik e ir al Blue Lagoon a relajarnos como hicimos en Myvatnn pero al llegar al hotel leímos que tenias que tener entradas con antelación … A pasear por Reikiavik. Ya estábamos cansados de coche, queríamos hacer unas compras y había que devolver el coche con gasolina temprano al día siguiente. Estuvo bien el paseo, aderezado como no por algunas lluvias y varios arcoiris. La ciudad está bien, pequeña pero con muchos rincones urbanos fotogénicos. La ciudad, el centro, tiene aire hippie y mucho tema artesanal y vikingo por todos lados. De lo moderno destaca el palacio de congresos Harpa con una llamativa fachada de cristales hexagonales y una iglesia que parece el cohete de Tintin en la luna. A la mañana siguiente devolvimos el coche y todavía nos dio tiempos, a los mayores, a dar un paseo soleado por Reikiavik, mientras los menores dormían y desayunaban con calma. Y punto final a este viaje a Islandia. ¿Volveremos?