Hoi An es una pequeña ciudad con un centro histórico de los siglos XVI y XVII bien conservado, bonito y agradable de pasear. Las casas son de dos alturas, en la planta baja como no, un comercio. De hecho la ciudad a lo largo de los tiempos ha sido un puerto comercial usado por chinos, japoneses, portugueses, holandeses … Un símbolo de la ciudad es el llamado Puente Japonés construido por estos para unir su barrio con el resto de la ciudad. El puente está cubierto, de madera, y tiene dos guardianes, uno en cada extremo, un perro y un mono.
En la pagoda Phuoc-Kien vimos unas espirales con incienso y un papel. Son las peticiones de personas que esperan que se cumplan cuando se acaba el incienso.
Otro de los atractivos de la ciudad es el mercado. Estrecho y denso, lleno de gente, luego vimos alguno más pero este fue el primero en que nos metimos bien adentro. Impactante ver una motocicleta cruzando el mercado entre el gentío :D.
Lo más típico son las sastrerías, te puedes hacer un traje a medida en 24 horas y así lo hacen muchos turistas. Aconsejo comprar camisetas son del mejor algodón y baratas 3 o 4 dolares. Y farolitos, los hay para vela o para luz eléctrica con telas de colores.
El hotel en el que estuvimos alojados fue uno de los que más nos gustó, y además a pie de playa, ocasión que no perdimos para darnos un baño en el Mar de China. Las playas de esa zona son espectaculares.
Tuvimos la suerte de pasar la noche del sábado allí, además coincidió con luna llena y la ciudad estaba de fiesta popular. Al caer la noche obligan a apagar las luces y solo se puede alumbrar con velas. Precioso. En el río los lugareños hacen barquitos de papel con una vela y lo dejan navegar por el rio. Al cabo de un rato se llena de lucecitas que van meciéndose y alejándose en la corriente.
A la mañana siguiente, bajo una tormenta tremenda, dimos el adiós a Hoi An y salimos camino de Da Nang a hacer una pequeña visita al Museo Cham y la Montaña de Mármol y de ahí, cruzando el Paso Hai Van, paso de las nubes, a Húe.