El mes de mayo ha sido prolífico en actividades. Ademas de las habituales visitas al Alto Tajo y L’Albufera, hemos hecho excursiones al puerto de la Fuenfria y a las lagunas de El Hito y San Juan y un pequeño viaje a Bilbao, Santoña, y el Parque de la Naturaleza de Cabarceno.
A Bilbao, con escala en Burgos, fuimos a ver la final del campeonato europeo de rugby. Habíamos hecho ese mismo viaje con ese mismo objetivo en mayo de 2018. En esta ocasión la final la ganó, sobradamente, el equipo francés Union Bordeaux Bègles sobre el irlandés Leinster. Las entradas este año, aunque me costó los suyo conseguirlas, las elegí mejor que en 2018 y el partido lo vimos muy bien. Luego fuimos a cenar al mismo restaurante que en 2018 y a pesar que el vino de la casa ya no era el mismo, cenamos estupendamente. Si en el 2018 completamos el viaje visitando la costa vizcaína, esta vez hemos tirado hacia la cántabra, a Santoña, ya que el último punto de este viaje era Cabárceno. Santoña es peculiar, centro conservero de pescados, sobre todo la anchoa, tiene muchos almacenes y fábricas abandonados después de sucesivas crisis, que le dan un aire decadente a la zona del puerto. Santoña es casi una isla, un gran islote rocoso rodeado por el mar y la marisma. Justamente, la marisma, es una reserva natural donde en invierno, no cuando la hemos visitado, alberga muchísimas aves. Hicimos una típica vuelta en barco para ver la costa y el faro del Caballo y nos alojamos en la bonita playa de Berria.A la mañana siguiente enfilamos directos al Parque de Cabárceno. Cuando estuvimos en Tanzania no vimos al rinoceronte y nos quedó la espina clavada. Nos enteramos que los había en Cabárceno y nos lo apuntamos para cuando se pudiera. El parque no deja de ser un zoológico, los animales, salvo algunas especies, no interactúan entre ellas y están en zonas acotadas. Eso sí, en un entorno singular y amplío que hace interesante la visita. Pero nos tocó una ola de calor con un día de 37 grados, inusual y aplastante, que hizo que muchos animales estuvieran inactivos y a la sombra. Y nosotros agotados. Lo que más nos gustó fue la exhibición de aves. Hice todas las fotos que pude a las aves en vuelo pero mejor me quedaron las que hice a las aves en tierra. Y por supuesto vimos los rinocerontes. Antes de este viaje Bilbao-Santoña-Cabárceno hicimos un día de visita a la laguna de El Hito y, tras comida en Chinchón, a la laguna de San Juan. El objetivo avistar y fotografiar aves. La verdad es que las fotos no han sido de las mejores pero pude ver relativamente cerca al abejaruco y al martín pescador.







