Jueves 27 de agosto de 2026. 13:00, de vuelta de un rato de playa, tomando una cerveza en mi terraza y disfrutando del buen tiempo que, por fin, estábamos teniendo después de tres infernales semanas de calor. Empezamos a oír sirenas de bomberos y vemos una columna de humo blanco por detrás de las casas. Lamentablemente estamos acostumbrados, pues tenemos un pirómano conocido en la zona que, aunque ha sido detenido más de una vez, le han soltado por falta de pruebas.
Habida cuenta que los bomberos habían llegado de inmediato y el fuego era en una zona de fácil acceso, no me preocupé mucho. Como otras tantas veces serían 4 pinos quemados, aunque de 4 en 4, acabarán con todos. Además entre el fuego y nosotros tenemos una fila de cañones de agua que algo harán si el fuego está cerca de ellos y supuestamente forman un cortafuegos por donde se puede salir.
De hecho, a momentos desaparecía el humo. Así hasta las 16:00 que empecé a oír aviones que me despertaron de la siesta. Hidroaviones. La columna de humo blanco se había desplazado y era un muro de humo negro. Aunque no podía ver el fuego estaba claro que había cogido potencia y la facilidad de apagarlo había desaparecido. Los cañones, a pesar del triunfalismo del político de turno que se pone las medallas, no iban a tener ninguna eficacia pues el fuego no estaba suficientemente cerca.
El viento, no muy fuerte, que era de poniente (oeste) de tierra a mar había girado, como casi todos los días a la hora de comer, a sureste, tampoco muy fuerte. Al parecer ese cambio, y me resulta incomprensible, les había pillado de sorpresa a los servicios de extinción. Sin desmerecer el grandísimo y sacrificado trabajo de los bomberos, en esta ocasión da la impresión de que no estuvieron lo suficientemente atentos. Una opinión gratuita que no puedo demostrar pero si argumentar.
Esa tarde teníamos que visitar a una tía a Cullera, con mis padres, así que salimos para allí llevando, por si acaso, alguna ropa de recambio y de aseo a modo de «mochila de emergencia». Salimos y al poco nos enteramos que habían evacuado el pueblo de El Saler y cerrada la carretera. No era cosa de arriesgarse a una evacuación nocturna así que nos fuimos todos a dormir a Puebla de Farnasls donde vive mi hermana.
A la mañana siguiente, viernes 28, decidimos intentar volver a nuestra casa. El viento había llevado el fuego, ya bastante controlado, hacia el norte, y nuestra urbanización quedaba al sur. En ningún momento se planteó la evacuación de nuestras casas. Nos costó un poco convencer a las autoridades que nos dejaran pasar, ya que habían cerrado carreteras, pero lo conseguimos. Lo malo es que decidieron cerrar el parque natural (caminos) y también los accesos a las playas. Es decir que poco nos ha quedado que hacer este último fin de semana de agosto aparte de recoger la casa.
Del incendio podría haber hecho alguna foto significativa de recuerdo pero solo hice una al principio y otra a un hidroavión que paso cerca pero ni siquiera lo puse en el contexto de un incendio y tampoco una foto de cerca, pues el tele estaba guardado en el coche.
Este veraneo no tendrá fotos de puestas de sol ni macros. El calor, y luego el incendio, no han facilitado el ir al embarcadero. Y en cuanto a macro, aparte de que no cogí el objetivo, la verdad es que no ha habido insectos interesantes. ¿Se están extinguiendo los insectos? Bueno algunos nos, moscas, mosquitos, hormigas y cucarachas, esos, no nos faltan.
Pongo las últimas fotos que hice cuando todavía se podía llegar al lago. No son «nuevas» aves, ya estaban fotografiados. Una garceta, un correlimos tridáctilo, un zampullín cuellinegro, un somormujo y un chorlito gris que me costó un poco pillarlo a una distancia razonable. Es un pájaro esquivo y desconfiado. El año pasado puede verlo brevemente. Este aunque lo he visto más días, siempre lejos y en malas condiciones de luz. Para rellenar la entrada, la flor de cactus que cada verano florece en la terraza.








